Nueva York no es todo luz y color. Hay muchas cosas que no se pueden evitar ni se esperan, por ejemplo, el reciente huracán
Sandy.
En octubre del año pasado, el huracán Sandy, azotó la Costa Este con fuertes vientos destructivos de hasta 140 km/h y sometió a la ciudad de Nueva York a las peores inundación de su historia. Al menos 16 personas murieron por culpa del huracán, la mayoría por la caída de árboles sobre automóviles o viviendas, según las autoridades. Una de las fallecidas lo hizo en Canadá tras ser golpeada por un cartel que arrancó el viento.
Según informó la Policia de Nueva York, un fuerte incendio declarado en el barrio de Queens ha dejado más de 50 hogares destruidos. Las labores de extinción fueron muy complicadas debido a las inundaciones del huracán Sandy ha dejado en toda la ciudad. El incendio comenzó por el barrio Breezy Point, en la península de Rockaway inundado por la marejada que levantó "Sandy" cuando se aproximó a tierra firme.
Más de cinco millones de personas se quedaron sin luz en 11 estados. El agua superó los cuatro metros de altura en algunos lugares del distrito financiero del sur de Manhattan: unos niveles que pulverizaron el récord anterior, que databa de 1821.
Al caer la noche, las luces de la ciudad se fueron apagando mientras el viento derribaba árboles y andamios, rompía ventanas y arrancaba ladrillos de los edificios. Las ráfagas sostenidas hicieron volar la fachada entera de un edificio de seis pisos en la Octava Avenida, en el barrio de Chelsea.
También tumbaron parte de una grúa en el edificio de apartamentos más alto de Nueva York: un rascacielos de 90 pisos que todavía se encontraba en construcción en la calle 57 y que está muy cerca de la sede neoyorquina del IESE y del Carnegie Hall.
Pero el peligro de "Sandy" llegaba sobre todo por el aumento del nivel del mar. El viento traía el agua del ría Hudson y del océano, potenciada por las mareas altas de la luna llena. El agua entraba deprisa por Battery Park, la punta sur de Manhattan, y en un par de horas llegó a su récord histórico, por encima de los cuatro
ç
metros.
También se filtraba a las estaciones de metro y anegaba de momento siete túneles, que no volverían a la normalidad hasta dentro de varios días. Los responsables de las empresas de transporte público (MTA) advertían de que deberían revisar el estado de todo el metro antes de reanudar el servicio, un proceso que retrasó la apertura hasta una semana después.